Consejo de Sabios

En la Cata Familiar Bajo, el Consejo de Sabios es mucho más que un nombre solemne: es el alma deliberativa que sostiene la tradición, vela por las reglas no escritas y mantiene vivo el espíritu de aquella primera apuesta de fútbol que lo empezó todo.

Al frente se sienta su Presidente, conocido cariñosamente como El Gran Árbitro: guardián de la tradición y árbitro supremo cuando las escuelas aprietan, los ánimos suben medio grado y cada tapa se defiende como si fuera una final. Su palabra pesa tanto como un buen reserva abierto a la hora justa.

Junto a él se alinean cuatro figuras que dan forma y memoria a la Cata Familiar Bajo: el Secretario de Actas, notario informal de discusiones, anécdotas y veredictos; el Embajador del Vino, que cuida la coherencia entre copa y propuesta; el Guardián de las Tapas, que vela por la creatividad, el sabor y el respeto a la mesa compartida; y el Cronista Oficial, encargado de que cada edición quede escrita como un capítulo más de esta historia familiar.

Cada decisión del Consejo mezcla rigor y cariño: se discuten matices, se recuerdan catas pasadas, se celebran las escuelas nuevas y se protege esa mezcla de rivalidad juguetona y complicidad que hace única a la Cata Familiar Bajo.

Y porque una tradición viva necesita sangre nueva, cada año se abre la puerta a que la familia proponga un nuevo miembro. Así, el Consejo de Sabios sigue creciendo, edición tras edición, igual que la mesa donde nos sentamos a brindar.

El alma de la cata

El Consejo de Sabios es el espacio donde se cruzan memoria, criterio y sentido del humor: allí se afinan las reglas, se escuchan a las escuelas, se moderan las pasiones y se protege aquello que hace a la Cata Familiar Bajo una cita irrepetible año tras año.